sábado, 24 de noviembre de 2012

0 ‘Moneyball’ en el Ciudad de Valencia...RUBÉN URÍA



La magnífica 'Moneyball' detalla la historia real de Billy Beane (Brad Pitt), manager de los Athletics de Oakland de béisbol. Un ganador compulsivo que, harto de ver cómo los grandes clubes le arrebatan a sus jugadores y le privan de pelear por el título, decide dar un giro a las obsoletas estructuras de su equipo, para desafiar los parámetros convencionales de su deporte. Tras conocer a Peter Brand (Jonah Hill), un analista de jugadores especialista en economía, Beane apuesta por apoyarse en la estadística para desarrollar un método denominado 'Moneyball'. A pesar de que le auguran un fracaso sonado y comienza con una racha negativa de derrotas, que le provocan críticas externas y disensiones internas, Beane logra una racha de victorias sin precedentes. Gracias a su apuesta por el método 'Moneyball', logra aspirar al título con una plantilla que le costó cinco, diez y hasta quince veinte veces menos dinero que el invertido por sus competidores. Ficha gregarios de bajo coste, víctimas de los prejuicios de la opinión pública, veteranos al borde de la retirada y también jugadores poco ortodoxos, despreciados por la prensa especializada. Quiere demostrar que existe un fracaso endémico en la manera de entender el deporte profesional, que la industria está dirigida por tiburones que malinterpretan el mercado y que el juego presenta un error de base: los dirigentes de los clubes piensan en términos de comprar jugadores, olvidando la premisa principal de todo buen directivo de equipo profesional, comprar triunfos.


Si existe un equipo de fútbol que personifique el espíritu de 'Moneyball', ese es el Levante. Un ejemplo para el resto de competidores. El mercado del fútbol, trufado de tratantes de ganado, comisiones infladas y cifras mareantes, responde a una mentalidad medieval, donde todo está sobrevalorado. En términos estadísticos, la aportación de algunos de los jugadores mejor pagados de Europa resulta ridícula en comparación con el rendimiento de futbolistas casi anónimos, que cobran menos de la mitad y que ofrecen una rentabilidad superior. En un mercado inflado, un administrador audaz como Kiko Catalán optimiza sus recursos gracias a estrategias eficientes. Sus acreedores siguen haciendo cola, su tesorería tiene serios problemas y sus ingresos no le permiten dispendios, pero este presidente utiliza el sentido menos común del fútbol, el sentido común. Armado para competir desde la modestia y programado para ganar a cualquiera, el Levante destila esencia 'Moneyball'. No se basa en estadísticas, sino en un estudio del mercado y sus oportunidades, de donde extrae petróleo gracias a que cientos de clubes equivocan su política económica y deportiva, comprando jugadores sobrevalorados para desprenderse de piezas menos famosas pero igual de útiles. Confeccionado a base de descartes de otros clubes y futbolistas de categorías más modestas, el Levante tiene la mejor plantilla que su dinero puede pagar. No hay nombres, pero sí hombres.
Su Peter Brand particular es Manolo Salvador, un director deportivo que simboliza el gran secreto del éxito del club. Ficha a precio de saldo, contrarresta la economía de guerra con una imaginación desbordante. Sus métodos: desechar fichajes con sobreprecio y contratar no lo que demanda la opinión pública, sino aquello que necesita el equipo para competir. Su ojo clínico le llevó a firmar a Caicedo, Koné o Martins, tres joyas expuestas a los prejuicios del mercado, desechados por sus diferentes propietarios, cuyo coste fue inversamente proporcional a su espectacular rendimiento. Capaz de pescar fichajes low cost, de patearse la Segunda, de bucear entre la Segunda B o de tramitar cesiones de última hora sin pagar un euro, el escrutinio de Salvador es un seguro de vida. Negocia contra el crono, sin dinero, con un presupuesto ridículo y tiene un porcentaje de éxito brutal. En su haber, durante los últimos años, más de 50 adquisiciones, casi todas a coste cero y de última hora. Pedro Ríos, Juanlu, Pallardó o El Zhar son ejemplos ilustrativos. Barkero, uno de los mejores jugadores de la Liga y uno de los que menos prensa tiene, es el mejor exponente de su legado. Salvador no sólo es una mina de oro que debería ser fichado con urgencia por un club de mayor presupuesto, sino que es el mejor director deportivo del fútbol español, de largo. Su presencia amenaza el sustento de quienes llevan décadas viviendo del cuento, fichando jugadores que no valen ni la mitad del dinero desembolsado por sus supuestas prestaciones y su rendimiento posterior.

A esa política de compras se suma el magisterio de un entrenador como Juan Ignacio Martínez, JIM, un tipo con aire de profesor universitario de historia contemporánea, que se ha ganado una reputación intachable con resultados que hacen palidecer a técnicos con ínfulas de Ministros de Asuntos Exteriores. Su fórmula: explotar el cien por cien de sus recursos. Oficio en defensa, brega en el centro del campo y contragolpe eléctrico, un prodigio de eficacia. El corazón igualando el presupuesto. Jugadores convencidos de su valor es más importante del que dicta la caprichosa ley de un mercado salvaje, siempre expuesto a los prejuicios de la opinión pública y del periodismo. El vestuario del Levante se ha edificado en base a jugadores desechados por otras instituciones, futbolistas que sufrieron lesiones graves y a veteranos  que conservan intacto su gen competitivo.
El pasado curso, el Levante lideró la tabla durante varias jornadas, ganó 16 partidos de 38, acabó sexto y selló su concurso en la Europa League. Con sólo 10.5 M€ de presupuesto, el sueldo de Messi o Cristiano en una sola temporada, se quedó a sólo tres puntos de disputar la Liga de Campeones. En la presente temporada, después de 12 jornadas, ha ganado la mitad de los partidos y aparece cuarto clasificado, en zona de acceso a Champions, por delante de equipos como Sevilla o Valencia. A eso cabe sumar que el equipo granota, en su primera aventura en competición europea, se ha clasificado para la siguiente ronda de la Europa League. Este Levante no compra jugadores, compra triunfos.  Imaginen qué podría hacer con un presupuesto saneado, o qué metas podría alcanzar un club con dinero, con la suficiente audacia para intentar clonar la fórmula de este Levante. Resulta sorprendente que ni la opinión pública ni el periodismo sean capaces de valorara la magnitud revolucionaria del Levante en este juego. Nadie se lo reconoce, pero ha cambiado las reglas del mercado y es la confirmación de que el sistema actual está obsoleto. El espíritu de 'Moneyball' vive en el Ciudad de Valencia. No es un milagro, es una realidad.



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