La magnífica
'Moneyball' detalla la historia real de Billy Beane (Brad Pitt), manager de los Athletics de Oakland de
béisbol. Un ganador compulsivo que, harto de ver cómo los grandes clubes le
arrebatan a sus jugadores y le privan de pelear por el título, decide dar un
giro a las obsoletas estructuras de su equipo, para desafiar los parámetros
convencionales de su deporte. Tras conocer a Peter Brand (Jonah Hill), un
analista de jugadores especialista en economía, Beane apuesta por apoyarse en
la estadística para desarrollar un método denominado 'Moneyball'. A pesar de
que le auguran un fracaso sonado y comienza con una racha negativa de derrotas,
que le provocan críticas externas y disensiones internas, Beane logra una racha
de victorias sin precedentes. Gracias a su apuesta por el método 'Moneyball',
logra aspirar al título con una plantilla que le costó cinco, diez y hasta
quince veinte veces menos dinero que el invertido por sus competidores. Ficha
gregarios de bajo coste, víctimas de los prejuicios de la opinión pública,
veteranos al borde de la retirada y también jugadores poco ortodoxos,
despreciados por la prensa especializada. Quiere demostrar que existe un
fracaso endémico en la manera de entender el deporte profesional, que la
industria está dirigida por tiburones que malinterpretan el mercado y que el
juego presenta un error de base: los dirigentes de los clubes piensan en
términos de comprar jugadores, olvidando la premisa principal de todo buen
directivo de equipo profesional, comprar triunfos.
Si existe un equipo de fútbol que personifique el espíritu
de 'Moneyball', ese es el Levante. Un ejemplo para el resto de competidores. El
mercado del fútbol, trufado de tratantes de ganado, comisiones infladas y
cifras mareantes, responde a una mentalidad medieval, donde todo está
sobrevalorado. En términos estadísticos, la aportación de algunos de los
jugadores mejor pagados de Europa resulta ridícula en comparación con el
rendimiento de futbolistas casi anónimos, que cobran menos de la mitad y que
ofrecen una rentabilidad superior. En un mercado inflado, un administrador
audaz como Kiko Catalán optimiza sus recursos gracias a estrategias eficientes.
Sus acreedores siguen haciendo cola, su tesorería tiene serios problemas y sus
ingresos no le permiten dispendios, pero este presidente utiliza el sentido
menos común del fútbol, el sentido común. Armado para competir desde la
modestia y programado para ganar a cualquiera, el Levante destila esencia
'Moneyball'. No se basa en estadísticas, sino en un estudio del mercado y sus
oportunidades, de donde extrae petróleo gracias a que cientos de clubes
equivocan su política económica y deportiva, comprando jugadores sobrevalorados
para desprenderse de piezas menos famosas pero igual de útiles. Confeccionado a
base de descartes de otros clubes y futbolistas de categorías más modestas, el
Levante tiene la mejor plantilla que su dinero puede pagar. No hay nombres,
pero sí hombres.
Su
Peter Brand particular es Manolo Salvador, un director deportivo que simboliza
el gran secreto del éxito del club. Ficha a precio de saldo, contrarresta la
economía de guerra con una imaginación desbordante. Sus métodos: desechar
fichajes con sobreprecio y contratar no lo que demanda la opinión pública, sino
aquello que necesita el equipo para competir. Su ojo clínico le llevó a firmar
a Caicedo, Koné o Martins, tres joyas expuestas a los prejuicios del mercado,
desechados por sus diferentes propietarios, cuyo coste fue inversamente
proporcional a su espectacular rendimiento. Capaz de pescar fichajes low
cost, de patearse la
Segunda , de bucear entre la
Segunda B o
de tramitar cesiones de última hora sin pagar un euro, el escrutinio de
Salvador es un seguro de vida. Negocia contra el crono, sin dinero, con un
presupuesto ridículo y tiene un porcentaje de éxito brutal. En su haber,
durante los últimos años, más de 50 adquisiciones, casi todas a coste cero y de
última hora. Pedro Ríos, Juanlu, Pallardó o El Zhar son ejemplos ilustrativos.
Barkero, uno de los mejores jugadores de la
Liga y
uno de los que menos prensa tiene, es el mejor exponente de su legado. Salvador
no sólo es una mina de oro que debería ser fichado con urgencia por un club de
mayor presupuesto, sino que es el mejor director deportivo del fútbol español,
de largo. Su presencia amenaza el sustento de quienes llevan décadas viviendo
del cuento, fichando jugadores que no valen ni la mitad del dinero desembolsado
por sus supuestas prestaciones y su rendimiento posterior.
A
esa política de compras se suma el magisterio de un entrenador como Juan
Ignacio Martínez, JIM, un tipo con aire de profesor universitario de historia
contemporánea, que se ha ganado una reputación intachable con resultados que
hacen palidecer a técnicos con ínfulas de Ministros de Asuntos Exteriores. Su
fórmula: explotar el cien por cien de sus recursos. Oficio en defensa, brega en
el centro del campo y contragolpe eléctrico, un prodigio de eficacia. El
corazón igualando el presupuesto. Jugadores convencidos de su valor es más
importante del que dicta la caprichosa ley de un mercado salvaje, siempre
expuesto a los prejuicios de la opinión pública y del periodismo. El vestuario
del Levante se ha edificado en base a jugadores desechados por otras
instituciones, futbolistas que sufrieron lesiones graves y a veteranos
que conservan intacto su gen competitivo.
El
pasado curso, el Levante lideró la tabla durante varias jornadas, ganó 16
partidos de 38, acabó sexto y selló su concurso en la
Europa League. Con
sólo 10.5 M€ de presupuesto, el sueldo de Messi o Cristiano en una sola
temporada, se quedó a sólo tres puntos de disputar la Liga de Campeones. En la
presente temporada, después de 12 jornadas, ha ganado la mitad de los partidos
y aparece cuarto clasificado, en zona de acceso a Champions, por delante de
equipos como Sevilla o Valencia. A eso cabe sumar que el equipo granota, en su
primera aventura en competición europea, se ha clasificado para la siguiente
ronda de la
Europa League. Este
Levante no compra jugadores, compra triunfos. Imaginen qué podría hacer
con un presupuesto saneado, o qué metas podría alcanzar un club con dinero, con
la suficiente audacia para intentar clonar la fórmula de este Levante. Resulta
sorprendente que ni la opinión pública ni el periodismo sean capaces de
valorara la magnitud revolucionaria del Levante en este juego. Nadie se lo
reconoce, pero ha cambiado las reglas del mercado y es la confirmación de que
el sistema actual está obsoleto. El espíritu de 'Moneyball' vive en el Ciudad
de Valencia. No es un milagro, es una realidad.
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